La apuesta de Steve Cohen y los Mets
- Juan G. Colón Rivera

- Jan 25
- 3 min read
Updated: Jan 27

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En el béisbol, y especialmente en Nueva York, no siempre gana el que más ruido hace. A veces gana el que se atreve a tomar decisiones incómodas. La salida de Pete Alonso, Brandon Nimmo, Jeff McNeil y Edwin Díaz no fue fácil para la fanaticada de los Mets. Fueron jugadores que marcaron una etapa, que ofrecieron momentos buenos y otros no tanto, pero que ya formaban parte del paisaje en Queens. Aun así, el béisbol no se construye mirando al pasado; se construye tomando riesgos bien pensados. Y eso fue exactamente lo que hicieron los Mets en esta temporada muerta.
El dueño Steve Cohen y el presidente de operaciones David Stearns se la jugaron con la cabeza fría, sin sentimentalismos ni miedo al qué dirán. No reaccionaron a la presión mediática ni a la nostalgia del fanático. Apostaron por balance, versatilidad y talento probado en las Grandes Ligas. Puede gustar o no, pero improvisación no fue. En el terreno, el equipo hoy se ve distinto: más atlético y más completo. La llegada de Luis Robert Jr. cambia por completo la dinámica ofensiva. Es un jugador que impacta el juego de múltiples formas: poder, velocidad, defensa y presencia. No depende de un solo swing para hacer daño. A eso se suma Marcus Semien, un jugador que aporta estabilidad noche tras noche, liderazgo silencioso y producción constante.
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Uno de los movimientos más interesantes, y que dice mucho del enfoque del equipo, es la reconfiguración defensiva. Todo apunta a que Bo Bichette estará defendiendo la tercera base, una posición que le permite explotar su brazo y su ofensiva, mientras se reduce el desgaste diario del campocorto. Jorge Polanco, por su parte, asumiría la primera base, una decisión lógica que protege su salud y mantiene su bate en la alineación. No es un movimiento tradicional, pero sí inteligente. El resultado es un infield más flexible, con mejor contacto y menos dependencia del jonrón para producir carreras.
En el pitcheo, el cambio por Freddy Peralta fue, sin duda, uno de los movimientos más agresivos de toda la temporada baja. Costoso también. Los Mets se desprendieron de su tercer y quinto mejor prospecto, Jett Williams y Brandon Sproat. No es poca cosa. Para recibir algo bueno, hay que ceder cosas buenas. Así funciona este negocio.

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Dicho eso, y aquí hablo desde mi opinión personal, siempre he sido más de construir a través de la agencia libre que de desprenderme del futuro del equipo. Las fincas son la base de la sostenibilidad a largo plazo, y perder prospectos de alto valor siempre conlleva un riesgo. Aun así, Peralta le da a esta rotación algo que necesitaba: identidad, ponches y la capacidad de dominar juegos grandes ahora, no dentro de tres o cuatro años.
La clave, como casi siempre en Queens, será la salud de la rotación. Si Kodai Senga, Sean Manaea y David Peterson logran mantenerse saludables y encontrar ritmo, este grupo puede sorprender a más de uno. En el bullpen, AJ Minter, saludable, aporta experiencia y una zurda confiable para los innings importantes, uniéndose a un relevo mucho más profundo con Devin Williams, Luke Weaver, Albert Alzolay, Luis García y Tobias Myers. Ya no se depende de un solo brazo para cerrar juegos, y eso, en una temporada larga, hace una diferencia enorme.
Y no hay que perder de vista a los jóvenes. Nolan McLean, Carson Benge y Brett Baty representan ese factor inesperado que, cuando explota, cambia temporadas completas. Si uno de ellos da el salto, el impacto puede ser inmediato.
¿Se fueron nombres grandes? Sí. ¿Se debilitó el equipo? No lo creo. Estos Mets son más balanceados, más atléticos y mejor construidos para competir durante 162 juegos. No es una reconstrucción; es una evolución clara. Steve Cohen y David Stearns se la jugaron en frío. Y todo apunta a que, aun pagando un precio alto, ganaron la apuesta. En Queens ya no se improvisa. Se planifica y se compite para ganar.









