El papel se va pero la historia se queda

Ya era el momento de escribir lo que he sentido y analizado durante estos últimos días, luego de una decisión que tomó por sorpresa a un gran sector de Puerto Rico y, especialmente, a los consumidores de los medios tradicionales. Me atrevo a decir que hasta en las personas que no consumían periódicos provocó algún tipo de reacción.
En una isla donde conseguir oportunidades de empleo en los medios ya era complicado por múltiples factores, noticias como esta preocupan todavía más. Son pocas las compañías matrices que dominan gran parte de la industria y no hablo solamente de los medios tradicionales. También tenemos que incluir los medios digitales, la radio y la televisión.
Para colmo, algunos de los principales canales del país mantienen una guerra tonta que hace tiempo dejó de tratarse solamente de números y ratings. En ocasiones cruza la línea hacia chismes sin sentido, controversias vacías y una competencia que poco aporta a una industria que enfrenta problemas mucho más importantes.
Por eso, la decisión de dejar de imprimir dos pilares del periodismo puertorriqueño tiene un significado que va mucho más allá del papel.
Son dos periódicos que, cada uno con su toque y estilo, formaron parte de nuestro crecimiento durante años. En sus páginas leímos grandes historias escritas por periodistas sumamente preparados y apasionados por su trabajo. En mi caso, la decisión tiene un impacto personal.
Crecí leyendo los tres principales rotativos del país junto a mi abuelo. Siempre comenzaba por Deportes. El primero era El Vocero, después seguía Primera Hora y cerraba con El Nuevo Día, que recuerdo especialmente por sus buenas gráficas y la cantidad de historias que publicaba diariamente.
Salía de la escuela elemental, y luego de la intermedia, directo a leerlos en ese orden antes de cenar. Se había convertido en una rutina esencial de mi día a día.
Quizás por eso esta noticia me toca de una manera diferente.

Hoy soy de esos pocos jóvenes que paga la suscripción de El Nuevo Día. Ante esta nueva etapa, el periódico utiliza una frase: “El papel termina. El periodismo continúa”.
Entiendo el mensaje, pero también me parece un poco injusto para esa generación que, independientemente de todos los avances tecnológicos, seguirá prefiriendo leer un periódico físico porque ya forma parte de su vida. Es una costumbre de décadas que una pantalla simplemente no sustituye de la misma manera.
Actualmente estudio comunicaciones, sabiendo desde antes de comenzar lo complicado que puede ser conseguir un empleo digno dentro de esta industria en Puerto Rico. Aun así, decidí hacerlo porque es lo que me gusta.
Sí, mi concentración es en Relaciones Públicas y Publicidad, pero es imposible estudiar comunicaciones y ser indiferente ante lo que está sucediendo con el periodismo del país. Tengo amistades que trabajan directamente en este campo y la incertidumbre laboral es algo con lo que muchos viven día tras día.
Al mismo tiempo, hay otra realidad que no podemos ignorar.
El crecimiento que ha tenido el periodismo independiente y la creación de contenido digital en Puerto Rico es importante. Hoy existen más herramientas para que periodistas, comunicadores y creadores puedan desarrollar sus propios proyectos, construir audiencias y trabajar sin necesariamente depender de uno de los grandes medios.
Tengo mi marca, mi propio medio de creación de contenido digital y un website en internet donde puedo escribir y publicar. Por eso, cuando hablo de lo complicado que puede ser captar la atención del público actualmente, no lo digo solamente como estudiante de comunicaciones. Lo vivo.
Hoy competimos por unos segundos de atención en medio de una cantidad inmensa de distracciones. Redes sociales, videos cortos, cientos de publicaciones cada vez que abrimos el teléfono, información incorrecta que se comparte rápidamente, contenido generado con inteligencia artificial y un sinnúmero de plataformas peleando constantemente por nuestra atención.
Y es difícil.
Puedes dedicar horas a investigar, escribir, grabar, editar y producir un buen contenido y aun así tener que luchar para conseguir que una persona se detenga unos minutos a consumirlo. Tener las herramientas para publicar no necesariamente significa que tendrás una audiencia.
Mucho menos significa que podrás vivir de ello.
Ese es otro de los grandes obstáculos del periodismo y de los medios independientes: conseguir patrocinadores y desarrollar un modelo que permita que el proyecto sea sostenible. En Puerto Rico existe una competencia enorme por los auspicios disponibles.
Entonces, mientras celebramos que existen más plataformas para hacer periodismo y crear contenido independiente, también tenemos que preguntarnos cuántas de ellas pueden convertirse realmente en empleos dignos y sostenibles.
Porque publicar nunca había sido tan fácil.
Vivir de hacerlo bien sigue siendo lo difícil.
Y ahí está una de las contradicciones más grandes de esta nueva era. Tenemos más herramientas que nunca para contar historias, pero también tenemos más competencia, más ruido y más dificultad para conseguir la atención de las personas.
La inteligencia artificial continuará desarrollándose. Las redes sociales seguirán cambiando. Aparecerán nuevas plataformas y probablemente desaparecerán otras. La manera en que consumimos información continuará evolucionando.
Pero todavía necesitaremos personas que investiguen, pregunten, entrevisten, escriban y cuenten las historias de nuestro país con responsabilidad.
Por eso tampoco quiero que esta reflexión termine como si todo estuviera perdido.
El Vocero continuará imprimiéndose y Metro se mantiene de igual manera. Espero que ambos puedan continuar haciéndolo y que, próximamente, las noticias relacionadas con nuestra industria sean más positivas.
Porque detrás de cada periódico, página web, programa de televisión, estación de radio o proyecto independiente hay personas intentando vivir de comunicar y quienes estamos comenzando también estamos tratando de encontrar nuestro espacio.
Yo crecí leyendo periódicos con mi abuelo.
Años después tengo mi propio medio digital, escribo en mi propia página y estudio comunicaciones mientras veo cómo desaparece parte de aquella rutina que, sin yo saberlo en ese momento, probablemente tuvo algo que ver con que terminara escogiendo este camino.
Tal vez por eso aquella frase de El Nuevo Día se queda conmigo:
“El papel termina. El periodismo continúa”.
Sí, el papel termina.
Pero para muchos de nosotros, lo que comenzó con él no termina ahí.



