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El Béisbol Clase A no puede ser rehén de la violencia

  • Writer: Juan G. Colón Rivera
    Juan G. Colón Rivera
  • Jun 18, 2025
  • 2 min read
Juego de Estrellas 2024. Foto cortesía Departamento de Recreación y Deportes
Juego de Estrellas 2024. Foto cortesía Departamento de Recreación y Deportes

Este domingo 22 de junio comienza la temporada 2025 que marca la edición número 87 del béisbol de las comunidades, el Béisbol Clase A. Ese deporte que tantas emociones despierta y que ha sido cuna de grandes figuras en Puerto Rico, no puede convertirse en un escenario de confrontación violenta. Lo que ocurre dentro y fuera del terreno dice mucho más de nosotros como sociedad que cualquier resultado en la pizarra. El Béisbol Clase A es, por definición, una categoría que exalta el talento local, la pasión de nuestras comunidades y el orgullo de vestir un uniforme. Pero en los últimos años hemos visto escenas que deben preocuparnos a todos. Hemos sido testigos de episodios lamentables en algunos parques del país. Gritos cargados de odio, palabras soeces dirigidas a los árbitros, empujones entre fanáticos y hasta agresiones físicas. ¿De verdad eso es lo que queremos? ¿Vamos a permitir que lo que debería ser un espectáculo deportivo se convierta en una lucha callejera?


No se puede justificar de ninguna manera que una diferencia deportiva se convierta en excusa para la agresión verbal o física. Que una mujer o un hombre, una madre o un padre, una hija o un hijo o simplemente un ser humano se descomponga en insultos contra árbitros o fanáticos contrarios, dice mucho de cómo estamos manejando nuestras emociones en espacios que deberían ser de convivencia. Que dos personas se agarren a golpes porque van a equipos diferentes, porque no están de acuerdo con una jugada o una decisión arbitral, es inaceptable.


¿Dónde quedó la esencia del juego? ¿La emoción por un doblete, la estrategia de un toque de sacrificio, el drama de una novena entrada con la carrera del empate en base? ¿Dónde quedó el respeto al rival, a la camiseta que se representa y, sobre todo, al deporte mismo?

Este no es un llamado moralista. Es un llamado a la razón. A la cordura. A reconocer que todos tenemos una responsabilidad en cómo se vive y se percibe el béisbol en nuestros parques. Los apoderados deben predicar con el ejemplo. Tienen que ser líderes dentro y fuera del terreno. No es solo montar un equipo; es formar una cultura. Los árbitros deben impartir justicia con firmeza, sí, pero también con compostura. Los fanáticos deben entender que gritar no es lo mismo que agredir. Animar no es lo mismo que provocar. Y los jugadores, sobre todo, deben recordar que son modelos para seguir, incluso sin proponérselo.

No podemos permitir que el diamante se transforme en un ring. Que los parques de pelota se conviertan en zonas de tensión y miedo. El deporte es pasión, es entrega, es identidad… pero no puede ser violencia.


La verdadera victoria, al final del día, es poder regresar a casa con la satisfacción de haber disfrutado un buen juego, haber competido con altura y saber que, gane quien gane, el béisbol sigue siendo un punto de encuentro entre comunidades, pueblos, entre generaciones, entre amigos.

Y si somos lo suficientemente adultos como para entender eso, entonces todavía hay esperanza. El Béisbol Clase A merece respeto. El público lo merece. Nosotros mismos nos lo debemos.

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